Me disculpo de antemano por usar la palabra refugiados. Aún estoy tratando de entender cuál es la mejor palabra para describir a personas que han tenido que dejar sus países por situaciones como guerra, hambruna, injusticia, ser perseguidos...
Quiero contar mi experiencia trabajando 3 meses en un campamento de refugiados. Una experiencia que sin duda me cambió la vida. Me dió un sentido de pertenencia, dirección en mi vida, una recompensa emocional inimaginable, amigos, aprendizajes, interacciones que nunca había tenido y recuerdos que me llevaré durante toda mi vida.
Un poco de contexto:
En noviembre del 2025 pasado yo estaba preguntándome cuál sería mi próxima etapa en mi año sabático. Básicamente dividir mi tiempo en etapas y decidí que lo mejor para mi sería dedicar mi tiempo para hacer algo altruista. Un amigo me había recomendado una página para encontrar proyectos de voluntariado; el 80% de los proyectos son de permacultura y cuidar animales casas o granjas. Eso está muy bien pero sinceramente viajar para cuidar perros o ir a casas ajenas para arreglar jardines no me interesaba en lo absoluto, en teoría se escuchaba genial, pero en la práctica yo sabía que no iba a ser nada estimulante y conociéndome iba a escapar de esos lugares muy rápido. Entonces se me ocurrió escribir en el buscador: barbería. Y mi destino cambió. Sí, sin exagerar. El primer resultado fue una organización sin fines de lucro en Samos, Grecia que ayuda a refugiados con talleres y proyectos para que la gente se entretenga y ayudarlos a desarrollar habilidades. Al leer la descripción sentí que ese proyecto era para mi: ayudar y aprender barbería algo que se está convirtiendo en mi pasión. Pero mandé un mensaje y me contestaron a las 2 semanas. Sin perder tiempo y siempre es bueno nunca poner todos los huevos en una sola canasta, mandé un mensaje a otra organización que se encuentra en Francia, y en primera instancia dudé en cuál sería mejor para mi. Pensaba que barbería y mejor clima (¡en una isla de grecia!) sería mejor para mi pero al final me contestaron más rápido la ONG de Francia, tuve una llamada con uno de los coordinares, un chico inglés bastante simpático y parlanchín que me dijo: Serías una buena adición para nuestro equipo.
Como mexicano solamente puedo estar 90 días en Europa, entonces le dije que estaría 3 meses ahí. A la semana siguiente compré mi vuelo para París saliendo desde CDMX.
El 1 de febrero ya estaba en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México Benito Juárez hacia París-Charles-De-Gaulles. Creo que inconscientemente estaba muy nervioso entonces llegué con bastante miedo a París. Era la primera vez que estaba oficialmente en Europa (en abril 2025 fui a Túnez y pasé por Alemania pero no salí del aeropuerto) y me sentía un poco intimidado por el acento francés.
Viajé bastante ligero para un viaje de 3 meses. Solamente una mochila, una maleta carry-on y mi cangurera.
El coordinador con el que tuve la videollamada me llamó a medianoche pero yo ya estaba dormido. Al día siguiente a las 10:00am yo ya estaba listo para casi hacer check-out cuando otro coordinador me habla para pasar por mi. Su amabilidad, carisma y sonrisa me cautivaron, además de un precioso acento inglés .
El día comenzó. En su auto me llevó donde trabajan la primera parte del día, una bodega bastante grande donde me dio un tour de 2 horas. Se me hizo muy ameno la manera en como se expresaba y su tono tan apasionado que me hizo darme cuenta que la gente que estaba ahí tiene un verdadero espíritu altruista. Los otros voluntarios me dieron una bienvenida muy cálida y se interesaban de manera genuina en mi. Era y fui el único latino que ha trabajado en esa organización (dato random).
9 de marzo 2026. Bodega de la ONG donde trabajé. Ropa, cobijas, bolsas para dormir, casas de campaña, calzado eran los principales artículos para distribuir.
- Primero que llega, primero que tiene la prioridad.
- Personas que ya habían pedido algo esa semana no se priorizaban.
- Espera de 24h para poder recibir comida, ropa, cables. Si no se presentaban perdían sus artículos y volvían a ser parte del stock. Se les hacía regresar de nuevo para que además de nosotros preparar sus pedidos, las personas que realmente necesitaban de eso, regresaran y si no, podíamos darles esos artículos a otras personas.
- Se les pedían sus nombres al momento de anotarlos en las listas de distribución.
Con el último punto me di cuenta de algo tan importante que es el devolverles el sentido humano a las personas que están en condiciones como un campamento de refugiados. Muchas veces son tratados como animales por la policía o por ciudadanos.
Aprendí el gran valor de la palabra DIGNIDAD. Escribir sus nombres, preguntarles si está bien escrito, tocarlos, ofrecerles una sonrisa, jugar con ellos, hacer bromas juntos hace que una persona se vuelva a sentir vista y reconocida. Su humanidad vuelve a ellos, se dejan de sentir como una estadística o una carga.
24 de febrero 2026. Cortando barba con mi afeitadora. Muchos chicos kurdos cuidan bastante su aspecto físico y pude observar que aunque la situación fuera desfavorable, una barba bien definida, un buen corte siempre hace realzar un poco la autoestima de uno.
Nunca me imaginé que trabajar directamente con refugiados, frente a frente, cara a cara me abriría la mente y me haría cambiar mi perspectiva de como veo el mundo.
Nunca había experimentado un sentido de comunidad, tribu o camaradería como lo sentí con personas de Kurdistán (2+2 = 1), Somalia, Sudán, Sudán del Sur, Eritrea, Etiopía. Ellos me enseñaron el valor de una sonrisa, de un abrazo, de lo hermoso que es aprender el nombre del otro, de como sin hablar un idioma en común nos podemos a dar a entender con una sonrisa.
Hubo un chico somalí que me dijo: Oscar, tu sonrisa me calma mucho, muchas gracias. Su comentario me desarmó completamente. Fue uno de los momentos más humanos, simples, sencillos pero más maravillosos que he tenido en mis 31 años de vida. Ese comentario me lo llevaré tatuado en la mente por siempre. Qué importante es tratar a todos como iguales, porque lo somos, aunque mucha gente piense que no.
Pude ver en carne propia los ojos cansados de las personas, algunos con tristeza, con cansancio, pero muchos con optimismo y sobre todo agradecimiento. Conocí decenas de historias de personas que vivían en Alemania desde hace más de 10 años pero por problemas administrativos su deportación era inminente, entonces tenían que ir a Inglaterra. Me tocó conocer a 2 personas que hablaban español: un chico de Malí y otro chico de Kurdistán. El primero vivió en España y el segundo vivía en Italia pero tenía una novia peruana.
La finalidad de todas las personas que conocí era de ir a Inglaterra, pero, por muy cruel que suene, sin garantía de llegar vivo (cruce en botes improvisados) y tampoco la garantía de 'tener una vida mejor'. Todos ellos ahora mismo se están enfrentando a la burocracia inglesa, el idioma, la falta de oportunidades y segregación.
El trabajo que hice en esos 3 meses no cambiaron el mundo, pero pude ayudar a miles de personas directa o indirectamente. Sé que la poca o mucha ayuda que hice trascendió en la vida de algunos, pero sobre todo en mi vida. Además aprendí una gran lección que solamente existe una verdadera justicia: ayudar.





.jpeg)

