Hoy 30 de septiembre del 2025 ya puedo decir que soy residente permanente de Canadá.
Un proceso que me tomó 16 meses en total: 13 a nivel federal y 3 a nivel provincial. Miles de dólares, dolores de cabeza, lágrimas, decenas de llamadas a IRCC. Esto se siente como el principio y no como el final, y aunque es una gran victoria y un hito en mi vida, ahora mismo solamente me siento aliviado de que ya por fin soy residente de ese bello país.
A medio trámite me llegó un correo el 5 de septiembre del 2025 en el cual requería que yo estuviera en suelo canadiense para responder ese correo electrónico. Yo me encontraba en México. 48 horas después había llegado a Toronto y tan pronto pasé las aduanas, abrí mi laptop y a las 7am del lunes 8 de septiembre contesté el primer y segundo correo. Y pensé que en cuestión de horas en ese mismo día iba a recibir la confirmación electrónica de residencia permanente, pero no pasó así. Lo bueno es que ya había reservado un boleto de avión para ir a San Juan de Terranova, en la provincia del mismo nombre (más Labrador). ¿Pero por qué? Porque no me sentía lo suficientemente listo para regresar la provincia de Québec. Extrañaba a mis amigos, pero hace mes de un mes había salido (lo tengo que admitir) huyendo de mi departamento, viviendo en casas de mis amigos y poniendo mis pertenencias en una bodega pequeña, había friendzoneado a un chico bastante lindo y ya me había despedido de todos mis amigos. Simplemente no se sentía correcto regresar. Mi instinto me dijo: Ve a lo desconocido. Entonces abrí un mapa de Canadá y dije: las Praderas no, Columbia Británica no, Ontario no, ya fui y no me interesa aún conocer las catarátas del niágara, New Brunswick, Nueva Escocia e Isla del Principe Eduardo no, muy cerca de Québec. Entonces dije, bueno, creo que me queda por explorar un lugar que yo lo encuentro fascinante por su lejanía e historia pero que me quedaba lejísimos: Terranova y Labrador.
Por mi mala o buena planeación pasé mi primera noche en Canadá en el aeropuerto de San Juan, salí a buscar hospedaje en los dos hoteles a proximidad del aeropuerto y para mi sorpresa, todo estaba reservado. Al parecer San Juan es tan pequeño y hay tan pocos hoteles que hay que reservar con anticipación para poder tener una noche de hotel.
Abracé mi mochila y cerré los ojos. Me desperté hasta las 8am y la verdad dormí relativamente bien aunque no suficiente y tomé un uber hacia uno de los hermosos cafés locales llamados Jumping bean café. Ahí vi la defensa de tesis de un muy buen amigo y después me quedé de ver con un chico que conocí en una aplicación y me invitó a un lugar que me encantó llamado: Quidi vidi.
Comí por primera vez en mi vida fish and chips, una comida típica inglesa bastante simple pero deliciosa con una cerveza local y una vista espectacular.
Terranova y Labrador es una provincia anglófona y yo a pesar de que inglés es mi segundo idioma, ya puedo decir que me siento más cómodo en francés que en inglés, puesto que viví 2 años y medio hablando francés todo el día. Las palabras, expresiones y pensamientos que me salían antes de hablar eran en francés y me tomó solamente una cerveza en ajustarme al inglés.
El chico y yo que fuimos a ese lugar en Quidi vidi nos hicimos inmediatamente amigos puesto que tuvimos una chispa muy genial. Después lo acompañé a su casa, hicimos algunas compras y me llevó a la casa del couchsurfer donde me iba a quedar.
Continúo con Terranova....
Al día siguiente el couchsurfer fue mi amable y me llevó a Signal Hill, un punto estratégico en la primera guerra mundial para la defensa de Terranova. Habiendo muchos cañones repartidos por varias partes de la montaña además de un sendero extenso para los amantes de la naturaleza. Simplemente no podía dejar de sonreír y agradecer por estar presente en ese momento, en ese lugar. Ninguna nube, pocas personas y todas amables diciéndome: G' mornin'. Subí Signal Hill y la descendí por el lado de la colina, lo cual ya es el océano atlántico. En ese punto específico del mundo estaba más cerca de Europa que de mi hogar en Aguascalientes. Cada vez que pensaba en donde estaba y cómo se habían dado las cosas me reía y seguía mi camino, feliz.
Bajando la colina está un café que recomiendo mucho que se llama The Battery Café, lugar de reunión de corredores y gente que acaba de hacer ejercicio en Signal Hill. Desayuné un delicioso baguel de salmón, y me aguantaba las ganas de hablar en francés aunque habían letreros que decían 'Nous pouvons vous servir en français'. Debo admitir que sí hablé en francés cuando fui al service Canadá a cambiar mi numero de seguro social (a uno permanente yaaaay!), puesto que el chico de recepción me recibió con un 'bonjour, hi'. Yo dije: De aquí soy, sí crees que me puedes hablar en francés te haré hablar en francés. Como pudo me explicó algunas cosas y me dio un numero con el cual vi que toda la gente que llegó después de mi era atendida y me di cuenta que me salió el tiro por la culata puesto que la única persona que hablaba francés estaba ocupada. Al final todo valió la pena porque fue un chico bastante hermoso y simpático que me atendió excelente.
Continuando con la ciudad, mi amigo me llevó a Cape Spears, el punto más al este de Canadá y de norteamérica. Ahí estuve alrededor de 3 horas haciendo senderismo, tomándole una foto a una chica que me pidió varias fotos, y escribiendo en mi diario, de nuevo lo chistoso que era estar en ese lugar. 1 semana antes yo estaba en Aguascalientes tranquilamente haciendo mis cursos de barbería y primeros auxilios, pero en ese momento me encontraba siendo la persona más al este de norteamérica. Datos que pueden ser absurdos y nada trascendentales, pero que para mi cuentan mucho, por lo tanto sí son importantes.
Para seguir con el paseo fui a una ciudad con un nombre bastante peculiar, les presento:
Dildo, Terranova y Labrador.
En ese pueblo comí las mejores fish and chips de toda mi vida. Riquísimas. No recuerdo el nombre del restaurante, pero fui a una tienda de recuerdos y compré varias tarjetas postales que dicen Dildo.
Las siguientes imágenes son un resumen de lo que viví los siguientes días en St John's, Newfoundland (pronunciado Newfinland, no sé porqué y no se dice Saint John's para no confundirlo con la capital de Nueva Escocia). Bastantes kilómetros recorridos al lado del océano atlántico, hice dos amigos, practiqué mucho mi inglés, mi amigo me hizo descubrir mi lado de modelo, y descubrí la vida en una provincia atlántica. Siempre será un lugar especial porque fue en esa ciudad donde me hice residente permanente de Canadá.
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